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La Luna se aleja cada año de la Tierra: la explicación está en las mareas de nuestros océanos

  • Nuestro satélite se separa actualmente de la Tierra cerca de cuatro centímetros cada año por las interacciones gravitatorias entre ambos.
  • El proceso transfiere energía de la rotación terrestre a la órbita lunar y contribuye también a ralentizar nuestro planeta.

La distancia que separa la Tierra de la Luna no es constante. Nuestro satélite se encuentra actualmente a unos 384.400 kilómetros de distancia media, pero las mediciones realizadas durante décadas han demostrado que cada año se encuentra un poco más lejos. La NASA sitúa este alejamiento en aproximadamente cuatro centímetros anuales.

El fenómeno es extremadamente lento a escala humana, pero constituye una consecuencia directa de la relación gravitatoria entre ambos cuerpos. Y uno de sus protagonistas se encuentra mucho más cerca de nosotros de lo que podría parecer: los océanos terrestres.

Las mareas están detrás del alejamiento de la Luna

La gravedad lunar atrae diferentes partes de la Tierra con distinta intensidad. Esa diferencia contribuye a generar las deformaciones responsables de las mareas, especialmente visibles en los océanos.

La NASA explica que la atracción gravitatoria de la Luna produce abultamientos en las masas de agua tanto en el lado terrestre orientado hacia nuestro satélite como en el lado opuesto. A medida que la Tierra gira, sus continentes y océanos atraviesan esas regiones, produciendo las subidas y bajadas periódicas que observamos en las costas.

Pero estos abultamientos no permanecen perfectamente alineados con la Luna. La Tierra gira sobre sí misma más rápido de lo que la Luna completa su órbita, y la interacción resultante genera un intercambio de energía y momento angular.

Ese intercambio es el responsable último de que la órbita lunar vaya aumentando lentamente.

La Tierra está transfiriendo energía a la Luna

La interacción gravitatoria entre nuestro planeta, las mareas y la Luna actúa como una especie de transferencia continua.

Parte de la energía asociada a la rotación terrestre termina incorporándose al movimiento orbital de la Luna. Como consecuencia, nuestro satélite aumenta gradualmente su distancia respecto a la Tierra.

La NASA describe este proceso señalando que la energía que impulsa el alejamiento lunar procede principalmente de los océanos terrestres y de las fuerzas gravitatorias asociadas a sus abultamientos de marea. El resultado actual es un alejamiento de alrededor de cuatro centímetros por año.

La contrapartida es que la Tierra pierde lentamente velocidad de rotación.

Por tanto, el fenómeno tiene dos consecuencias relacionadas: la Luna se aleja y la duración de la rotación terrestre aumenta progresivamente.

¿Cómo sabemos que la Luna se está alejando?

La diferencia anual es demasiado pequeña como para observarla mirando al cielo, pero puede medirse con enorme precisión.

Varias misiones del programa Apollo instalaron reflectores sobre la superficie lunar. Estos dispositivos permiten enviar pulsos láser desde observatorios terrestres y medir el tiempo que tarda la luz en viajar hasta la Luna, reflejarse y regresar.

Conociendo la velocidad de la luz, los investigadores pueden calcular con gran precisión la distancia entre ambos cuerpos y estudiar sus cambios a lo largo del tiempo.

La NASA señala que estas mediciones mediante reflectores lunares han permitido determinar que la Luna se aleja aproximadamente 1,5 pulgadas, cerca de 3,8 o 4 centímetros, cada año.

No se trata, por tanto, de una estimación basada únicamente en modelos astronómicos, sino de un movimiento que puede medirse directamente.

La Luna estuvo mucho más cerca de la Tierra

El alejamiento actual también ofrece pistas sobre el pasado del sistema Tierra-Luna.

Si nuestro satélite se está separando de nosotros, significa que durante etapas anteriores de su historia se encontraba más cerca. Los modelos de formación lunar sitúan su origen hace unos 4.500 millones de años, después de una enorme colisión sufrida por la Tierra primitiva.

La hipótesis dominante plantea que los restos de aquel impacto terminaron acumulándose hasta formar la Luna.

Las mediciones actuales de su alejamiento encajan con un sistema en el que el satélite comenzó mucho más próximo y fue desplazándose progresivamente hacia una órbita más distante. La NASA señala además que la Tierra primitiva rotaba considerablemente más rápido que en la actualidad.

Los días terrestres también han cambiado

La transferencia de energía que aleja a la Luna actúa simultáneamente sobre la rotación terrestre.

La Tierra pierde una cantidad diminuta de velocidad de rotación como consecuencia de las interacciones de marea. A escalas geológicas, esto significa que la duración del día no ha sido siempre de aproximadamente 24 horas.

El registro geológico permite estudiar estos cambios a través de estructuras sedimentarias relacionadas con antiguas mareas. Investigaciones recogidas por el Servicio Geológico de Estados Unidos han empleado estos registros para reconstruir tanto la evolución de la rotación terrestre como cambios históricos en la órbita lunar.

Es un proceso extraordinariamente lento: ninguna persona percibirá directamente el alargamiento del día producido durante su vida.

¿Seguirá alejándose para siempre al mismo ritmo?

No necesariamente.

Los aproximadamente cuatro centímetros anuales representan la tasa medida actualmente, pero no deben extrapolarse de manera lineal durante miles de millones de años.

La evolución depende de factores como la configuración de los océanos, los continentes y la disipación de energía producida por las mareas. La NASA indica que el alejamiento continúa actualmente, pero su velocidad va disminuyendo.

Por eso sería incorrecto multiplicar simplemente cuatro centímetros por la edad del sistema Tierra-Luna para calcular dónde se encontraba nuestro satélite en el pasado.

La dinámica orbital ha cambiado durante la historia del planeta y seguirá evolucionando.

Alejarse unos centímetros no significa que vayamos a perder la Luna

La cifra puede resultar llamativa, pero no describe una Luna que esté a punto de escapar de la gravedad terrestre.

Cuatro centímetros son prácticamente insignificantes frente a una distancia media cercana a los 384.400 kilómetros. Incluso después de un millón de años, una extrapolación simple de la tasa actual equivaldría a unas pocas decenas de kilómetros, aunque el ritmo real puede variar.

El proceso pertenece a escalas temporales astronómicas.

Su importancia científica está precisamente en otro lugar: permite observar en tiempo real una pequeña parte de la evolución de un sistema gravitatorio que lleva miles de millones de años cambiando.

La Luna que contemplamos actualmente no orbita exactamente a la misma distancia que la que observaron los primeros seres humanos, del mismo modo que tampoco será exactamente igual la relación entre ambos cuerpos dentro de millones de años.

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