- Las altas temperaturas interiores pueden ralentizar la atención, la memoria de trabajo y la velocidad con la que resolvemos tareas sencillas.
- Los edificios retienen calor durante la noche, por lo que el riesgo puede continuar aunque la temperatura exterior ya haya bajado.
Quedarse en casa evita la exposición directa al sol, pero no garantiza estar protegido durante una ola de calor. Una vivienda recalentada puede dificultar el descanso, aumentar el esfuerzo del organismo para regular su temperatura y afectar temporalmente a determinadas capacidades cognitivas.
El cerebro necesita mantener una temperatura relativamente estable para funcionar correctamente. Cuando el ambiente es muy cálido, el cuerpo dirige parte de sus recursos a disipar calor mediante la sudoración y el aumento del flujo sanguíneo hacia la piel.
Este esfuerzo no implica que el cerebro deje de funcionar ni que cualquier habitación calurosa provoque daños neurológicos. Sin embargo, la incomodidad térmica, la pérdida de líquidos y el cansancio pueden dificultar la atención, ralentizar las respuestas y aumentar los errores en tareas que exigen concentración.
Uno de los estudios más conocidos sobre este efecto siguió durante doce días a 44 estudiantes universitarios que vivían en edificios con y sin aire acondicionado durante una ola de calor en Boston. Cada mañana realizaban pruebas de atención, velocidad de procesamiento y memoria de trabajo.
Los residentes en edificios sin climatización estuvieron expuestos a una temperatura interior media de 26,3 grados, frente a los 21,4 grados registrados en las habitaciones climatizadas. Durante el episodio, sus tiempos de reacción fueron hasta un 13,4% más lentos en una de las pruebas evaluadas.
Los resultados no permiten establecer una temperatura exacta a partir de la cual todas las personas piensen peor. La muestra era pequeña, estaba formada por jóvenes y las pruebas se realizaban únicamente al despertar. Aun así, el trabajo mostró que el calor interior puede afectar incluso a personas sanas y acostumbradas a desarrollar su vida cotidiana dentro de edificios.
La memoria de trabajo es una de las funciones que pueden resentirse. Se utiliza para retener información durante unos segundos mientras se realiza una operación, se sigue una instrucción o se toman varias decisiones consecutivas. También pueden disminuir la velocidad de procesamiento y la capacidad para ignorar distracciones.
Estos cambios suelen ser transitorios y no equivalen a una lesión cerebral. El rendimiento se recupera cuando disminuye la exposición y el organismo puede descansar, hidratarse y recuperar una temperatura adecuada.
El sueño constituye una posible vía indirecta. Para conciliarlo, el cuerpo necesita liberar calor, algo más difícil en una habitación recalentada. Dormir de forma fragmentada puede dejar al día siguiente más somnolencia, menor atención y una respuesta más lenta.
Los investigadores consideran que el descanso puede intervenir en la relación entre temperatura interior y rendimiento cognitivo, aunque el estudio de Boston no permitió demostrarlo de forma concluyente. La hidratación, la humedad, la ventilación y la adaptación individual también pueden influir.
Otro efecto poco evidente aparece cuando termina el pico de temperatura exterior. Paredes, tejados y materiales de construcción pueden haber acumulado calor durante el día y liberarlo lentamente por la noche. De esta forma, el interior continúa recalentado aunque en la calle ya refresque.
La Organización Mundial de la Salud advierte de que la incapacidad para eliminar el calor acumulado aumenta el riesgo de agotamiento y golpe de calor. También relaciona las temperaturas extremas con una reducción de la productividad y más probabilidades de sufrir accidentes.
Trabajar desde casa, estudiar o conducir después de pasar una noche en una habitación muy caliente puede exigir más esfuerzo de lo habitual. Conviene aplazar las tareas que requieran máxima concentración, realizar pausas y comprobar si el cansancio mejora al trasladarse a un lugar fresco.
Para limitar la acumulación de calor, la OMS recomienda cerrar ventanas, persianas o contraventanas cuando fuera hace más calor que dentro y aprovechar el aire nocturno cuando la temperatura exterior descienda. También aconseja apagar los aparatos eléctricos innecesarios, utilizar ropa ligera, beber agua regularmente y refrescar la piel.
En una vivienda expuesta al sol durante la tarde, la habitación más calurosa puede no ser el mejor espacio para teletrabajar o dormir. Cambiar temporalmente de estancia, crear sombra exterior o pasar parte del día en un lugar refrigerado puede reducir la exposición.
La confusión intensa, la desorientación, la pérdida de coordinación, la dificultad para hablar o la pérdida de conciencia no deben atribuirse a un simple bajón de concentración. Pueden indicar un golpe de calor y requieren asistencia sanitaria urgente.
La consecuencia habitual del calor doméstico es una reducción temporal del rendimiento, no un daño cerebral permanente. El problema aparece cuando se prolonga, impide descansar o progresa hacia una alteración grave de la temperatura corporal.










