- Enterococcus faecalis fue la más resistente frente a baja presión, atmósfera rica en CO₂ y exposición a percloratos.
- El experimento no demuestra que puedan vivir libremente en Marte: reproduce únicamente una selección de los factores ambientales del planeta.
Los microorganismos que acompañen inevitablemente a los seres humanos durante una futura misión a Marte podrían resultar más resistentes de lo previsto. Un estudio publicado el 15 de agosto en npj Microgravity ha sometido tres bacterias habituales asociadas al intestino humano a varios factores característicos del entorno marciano y ha comprobado que su tolerancia no está reservada exclusivamente a los microorganismos extremófilos.
Los investigadores trabajaron con Enterococcus faecalis, Escherichia coli y Serratia liquefaciens. En el laboratorio reprodujeron baja presión, una atmósfera rica en dióxido de carbono y exposición a percloratos, sustancias presentes en el suelo de Marte que pueden resultar perjudiciales para muchos organismos. Los factores se probaron tanto de manera independiente como combinados.
Una bacteria destacó sobre las demás
Las pruebas establecieron una jerarquía clara de tolerancia. Enterococcus faecalis resultó la más robusta, seguida de E. coli y, finalmente, S. liquefaciens.
El comportamiento observado tiene interés porque estas bacterias no pertenecen al grupo de los extremófilos que habitualmente protagoniza las investigaciones sobre supervivencia en ambientes especialmente hostiles.
Los extremófilos poseen adaptaciones evolutivas muy especializadas que les permiten vivir, por ejemplo, bajo temperaturas extremas, elevada salinidad, acidez o radiación intensa. El nuevo trabajo plantea que determinadas bacterias asociadas a los humanos pueden recurrir a mecanismos celulares mucho más comunes para soportar al menos algunos factores relacionados con Marte.
El análisis de la expresión genética de E. faecalis reforzó esa interpretación. Frente a la combinación de factores ambientales, la bacteria activó una respuesta coordinada basada en mecanismos conservados de gestión del estrés celular, en lugar de depender de adaptaciones exclusivas propias de organismos especializados en ambientes extremos.
Los factores juntos no se comportan igual que separados
Otro resultado relevante apareció cuando los investigadores combinaron los distintos elementos de estrés.
Las respuestas fueron predominantemente antagonistas, lo que significa que el efecto conjunto no podía deducirse simplemente sumando lo observado cuando cada factor se estudiaba por separado. Para los autores, esto muestra una limitación importante de los experimentos que intentan estudiar ambientes extraterrestres analizando cada condición de forma aislada.
Un microorganismo expuesto simultáneamente a baja presión, una atmósfera distinta y sustancias químicas hostiles puede reorganizar su metabolismo y sus mecanismos de protección de una manera diferente a la que presenta frente a cada problema por separado.
El análisis transcriptómico de E. faecalis detectó además una posible tendencia hacia una mayor actividad relacionada con adhesión a superficies y mecanismos de expulsión de sustancias de la célula, al mismo tiempo que se reducían algunos factores asociados a virulencia aguda. Los investigadores consideran que estos cambios merecen atención desde el punto de vista de la bioseguridad en futuras misiones tripuladas.
El problema de llevar la Tierra a Marte
El estudio no busca únicamente averiguar qué puede sobrevivir fuera de nuestro planeta. Su principal implicación está relacionada con la protección planetaria.
Cuando una nave aterriza sobre otro mundo lleva consigo microorganismos terrestres a pesar de los procedimientos de limpieza y esterilización. Con misiones robóticas es posible reducir enormemente esa carga biológica. Con seres humanos, eliminarla por completo resulta imposible: nuestro organismo contiene comunidades inmensas de microorganismos y necesitamos convivir con ellas.
Esto genera lo que se conoce como contaminación directa o forward contamination: la posibilidad de transportar organismos terrestres a otro cuerpo celeste y alterar su entorno o dificultar posteriormente la búsqueda de posibles señales de vida autóctona.
Si únicamente los extremófilos altamente especializados fueran capaces de persistir, el abanico de microorganismos que habría que vigilar sería relativamente limitado. Los nuevos resultados sugieren que la lista podría ser más amplia.
No significa que estas bacterias puedan colonizar Marte
La principal cautela del estudio es esencial para interpretar correctamente el resultado.
Los investigadores han reproducido determinados factores de estrés relacionados con Marte, concretamente los enumerados en el experimento. Marte presenta simultáneamente muchas otras condiciones extremadamente hostiles, y una prueba de laboratorio no reproduce toda la complejidad física, química y temporal de permanecer expuesto en su superficie.
Por tanto, comprobar que una bacteria mantiene cierta resistencia frente a esos factores no equivale a demostrar que pueda multiplicarse indefinidamente al aire libre sobre Marte, formar ecosistemas o colonizar el planeta.
El propio interés del trabajo está en una cuestión más matizada: algunos mecanismos celulares ordinarios pueden proporcionar una capacidad de resistencia mayor de la esperada incluso a microorganismos que no han evolucionado específicamente para soportar ambientes extremos.
Eso amplía las preguntas que deberán abordarse antes de las misiones humanas. No bastará con estudiar únicamente las especies consideradas extraordinariamente resistentes; también habrá que conocer mejor cómo reaccionan las bacterias que viajan con nosotros cuando varios factores ambientales extraterrestres actúan simultáneamente.









