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Bennu y Ryugu conservan huellas del Sistema Solar primitivo que no aparecen en los meteoritos encontrados en la Tierra

  • Las muestras traídas directamente de ambos asteroides presentan variaciones isotópicas en elementos fundamentales para la formación de planetas.
  • El resultado indica que las colecciones de meteoritos no representan toda la diversidad química que existía en el Sistema Solar primitivo.

Las muestras recuperadas directamente de los asteroides Bennu y Ryugu están revelando una diversidad del Sistema Solar primitivo que no aparece con la misma claridad cuando los científicos analizan únicamente meteoritos encontrados en la Tierra. Un estudio publicado este 15 de agosto en Nature Communications identifica diferencias isotópicas en elementos importantes para la formación planetaria que no están representadas en las colecciones meteoríticas disponibles.

El trabajo utiliza material procedente de dos misiones de retorno de muestras. La misión japonesa Hayabusa2 trajo material de Ryugu y OSIRIS-REx, de la NASA, devolvió a la Tierra en septiembre de 2023 una cápsula con muestras recogidas directamente de Bennu. Este último material continúa siendo analizado por equipos internacionales.

La diferencia entre estas muestras y un meteorito encontrado sobre la superficie terrestre no es menor. Una misión espacial conoce exactamente de qué cuerpo procede el material y puede recuperarlo con procedimientos diseñados para limitar alteraciones y contaminación terrestre.

Los autores del nuevo estudio encuentran que Bennu y Ryugu conservan una heterogeneidad isotópica primordial en elementos importantes para la construcción de planetas que no aparece representada en el registro meteorítico conocido. Dicho de otra forma, algunos materiales del Sistema Solar temprano fueron químicamente más diversos de lo que cabría deducir observando únicamente las rocas extraterrestres que han llegado de manera natural hasta la Tierra.

Los isótopos son variantes de un mismo elemento químico con diferente número de neutrones. Sus proporciones pueden actuar como una especie de marcador de procedencia y permiten reconstruir procesos ocurridos durante la formación y evolución de los primeros sólidos del Sistema Solar.

El resultado no significa que los meteoritos hayan dejado de ser útiles. Gran parte de lo que se conoce sobre las primeras etapas de formación planetaria procede precisamente de su análisis. La conclusión es más específica: el conjunto de meteoritos que consigue sobrevivir al viaje hasta la Tierra y que posteriormente es recuperado por los científicos no necesariamente constituye una muestra completa de todos los materiales que existen en los asteroides.

Esto refuerza una de las principales razones científicas para realizar misiones de retorno de muestras. En lugar de esperar a que fragmentos lleguen de manera natural a nuestro planeta, las sondas permiten seleccionar un cuerpo concreto, recoger material directamente sobre él y mantener documentado todo el recorrido hasta el laboratorio.

Bennu ya había proporcionado otros resultados destacados. Los análisis anteriores de sus muestras han mostrado abundancia de carbono, nitrógeno, amoníaco y una gran diversidad de moléculas orgánicas, además de aminoácidos y las cinco bases nitrogenadas utilizadas por el ADN y el ARN. Estos hallazgos no implican la existencia de vida en Bennu, sino que muestran la presencia de componentes químicos relevantes para estudiar la química prebiótica del Sistema Solar.

El nuevo trabajo aborda una cuestión diferente y más general: hasta qué punto las muestras disponibles en la Tierra representan la diversidad original de los materiales que participaron en la formación de planetas y asteroides.

La respuesta que ofrecen Bennu y Ryugu es que todavía faltaban piezas. Las muestras devueltas directamente por las misiones conservan señales que el registro de meteoritos no había mostrado y proporcionan por tanto una referencia adicional para reconstruir la distribución de materiales en las primeras etapas de nuestro sistema planetario.

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