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El ADN antiguo desmonta al ‘guepardo americano’: era pariente del puma y algunos ejemplares árticos comían pescado

guepardo americano
  • Los paleogenomas sitúan a Miracinonyx como linaje hermano de los pumas y separan su historia evolutiva de los guepardos actuales.
  • Los isótopos de ejemplares del Yukón apuntan a una dieta muy rica en peces, aunque no revelan cómo los conseguían.

El llamado “guepardo americano” debía su nombre a un cuerpo esbelto y unas proporciones que recordaban a los guepardos actuales, pero su ADN cuenta una historia diferente. Un estudio publicado en Current Biology ha obtenido genomas de alta cobertura a partir de fósiles de Miracinonyx trumani y sitúa a esta especie extinta mucho más cerca de los pumas modernos. Los análisis estiman que ambos linajes compartieron un antepasado hace unos 2,6 millones de años, mientras que la semejanza con los guepardos sería un ejemplo de evolución convergente.

El trabajo amplía además de forma considerable la imagen conocida de su ecología. Los investigadores analizaron fósiles de entre aproximadamente 23.000 y 31.000 años procedentes del Yukón canadiense y encontraron señales isotópicas compatibles con un consumo muy elevado de recursos acuáticos, probablemente peces, mientras que un ejemplar de Wyoming mostraba una alimentación terrestre más convencional. Los datos no permiten determinar si aquellos animales capturaban peces directamente o aprovechaban cadáveres y otros recursos disponibles.

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Esta diferencia entre poblaciones apunta a una capacidad de adaptación mayor de la que sugería la imagen clásica de Miracinonyx como un depredador especializado en correr tras presas sobre espacios abiertos. Los fósiles del Yukón extienden además su presencia conocida unos 20 grados de latitud hacia el norte. Los autores consideran que esa flexibilidad ecológica pudo ser relevante para sobrevivir en ambientes muy distintos, aunque el número de ejemplares con ADN recuperable sigue siendo necesariamente limitado.

Los genomas también muestran una diversidad genética reducida, pero no las señales de un episodio reciente y abrupto de endogamia o de un cuello de botella extremo. El equipo interpreta este patrón como compatible con una disminución demográfica prolongada antes de la desaparición de la especie. Esa información permite estudiar su vulnerabilidad ante cambios ambientales, pero no demuestra que la baja diversidad genética fuese por sí sola la causa de su extinción.

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