- Los investigadores identifican una tercera secuencia de cúmulos globulares con edades y composiciones que apuntan a una gran fusión galáctica muy temprana.
- El objeto progenitor tendría una masa estelar parecida a Gaia-Enceladus y habría depositado la mayor parte de sus estrellas en la región interna de nuestra galaxia.
La historia de la Vía Láctea parece incluir una gran colisión adicional ocurrida unos 1.800 millones de años antes de la conocida fusión con Gaia-Sausage-Enceladus. Un estudio publicado en Nature Astronomy reconstruye aquel episodio mediante las edades y composiciones químicas de los cúmulos globulares que todavía orbitan nuestra galaxia.
Las galaxias grandes no se forman necesariamente de una sola vez. A lo largo de miles de millones de años incorporan sistemas más pequeños, cuyas estrellas terminan mezclándose con las propias y pueden llegar a perder casi por completo la identidad de su galaxia original.
Los cúmulos globulares ofrecen una forma de rastrear ese pasado. Son agrupaciones muy antiguas de estrellas que pueden conservar características relacionadas con el entorno en el que se formaron, entre ellas su edad y metalicidad.
Los investigadores analizaron estas propiedades utilizando, entre otros datos, observaciones de alta precisión del telescopio espacial Hubble. Al representar conjuntamente la edad y la composición de los cúmulos, identificaron tres secuencias distintas.
Una corresponde al progenitor principal de la propia Vía Láctea. Otra coincide con los restos asociados a Gaia-Sausage-Enceladus, la gran galaxia enana que se fusionó con la nuestra hace alrededor de 10.000 millones de años. La tercera aparece en una posición intermedia y apunta a otra gran acreción todavía más antigua.
El equipo estima que aquella fusión ocurrió aproximadamente 1.800 millones de años antes que Gaia-Enceladus y que el sistema absorbido tenía una masa estelar comparable, del orden de 500 millones de masas solares.
La mayor parte de sus estrellas habría terminado concentrada dentro de los primeros seis kilopársecs desde el centro galáctico. Esa distribución interior ayuda a explicar por qué reconstruir el episodio únicamente mediante movimientos estelares actuales resulta particularmente difícil.
Los autores denominan al sistema progenitor Low-energy-Kraken-Heracles, LKH, intentando reunir bajo una misma interpretación diferentes estructuras que trabajos anteriores habían relacionado con antiguas fusiones del centro galáctico.
El nombre no significa que se haya descubierto una galaxia todavía visible. LKH habría desaparecido como entidad independiente hace más de 10.000 millones de años y lo que se estudia actualmente son las huellas dejadas en poblaciones estelares y cúmulos globulares.
Las estimaciones de edad de objetos tan antiguos tienen incertidumbres y la reconstrucción de fusiones galácticas depende de combinar distintas propiedades. El estudio aporta una secuencia coherente dentro de los cúmulos analizados, pero futuros catálogos y mediciones podrán refinar tanto la masa como la fecha exacta del acontecimiento.
El hallazgo refuerza una imagen de la Vía Láctea temprana como un sistema construido mediante varias fusiones importantes. Nuestra galaxia no solo conserva restos de Gaia-Enceladus: parte de su región más interna podría contener material de una colisión aún anterior.









