- Las piezas de más de mil años mantuvieron una señal magnética acumulada hasta temperaturas superiores a 112 °C, mientras las muestras modernas la perdieron antes.
- El método aprovecha cambios magnéticos que aparecen después de la cocción y podría complementar otras técnicas utilizadas por museos y especialistas en autenticación.
Una pieza de cerámica conserva más que la huella del horno en el que fue fabricada. Algunos de sus pequeños minerales magnéticos continúan respondiendo lentamente al campo terrestre durante siglos, generando una señal que cambia con el tiempo. Investigadores de UC San Diego han utilizado este fenómeno para desarrollar una prueba destinada a diferenciar objetos arqueológicos antiguos de falsificaciones modernas mediante calentamiento controlado y mediciones magnéticas.
Cuando una vasija se cuece y enfría, determinados granos minerales fijan la dirección del campo magnético existente en aquel momento. Otros granos más pequeños generan posteriormente una denominada magnetización remanente viscosa, que puede borrarse gradualmente al recalentar la muestra. La hipótesis del equipo es que cuanto más tiempo haya estado acumulándose esa señal, mayor será la temperatura necesaria para eliminarla.
Los investigadores analizaron cerámicas antiguas, objetos modernos comprados como recuerdos y piezas identificadas como falsificaciones. Comenzaron calentando las muestras a 50 °C y aumentaron la temperatura en intervalos de diez grados. En sus experimentos, las muestras de más de mil años necesitaron superar aproximadamente 112 °C para borrar la magnetización acumulada, mientras los objetos modernos perdieron esa señal a temperaturas inferiores.
El umbral se apoyó también en modelos micromagnéticos que simulan cómo evolucionan pequeñas partículas minerales durante largos periodos. Los autores explican que los principios físicos eran conocidos desde hace décadas, pero el coste computacional dificultaba realizar simulaciones suficientemente detalladas. El método proporciona ahora una referencia cuantitativa que puede combinarse con procedencia, estilo, composición y otras pruebas arqueométricas.
No se trata de meter una pieza valiosa en un horno doméstico ni de afirmar que cualquier objeto que supere 112 °C sea necesariamente auténtico. La técnica necesita extracción y medición controladas y deberá probarse sobre materiales, ambientes y cronologías más diversos. El equipo pretende aplicarla ahora a objetos de museos cuya autenticidad sigue discutida y considera que podría aportar también evidencia científica en investigaciones sobre falsificación.









