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Científicos encuentran una posible “regla biológica” que indica a las aletas de un pez cuánto tejido deben regenerar

pez cebra
  • La actividad ERK forma gradientes de varios milímetros cuya intensidad depende de cuánto tejido se eliminó y predice qué células volverán a dividirse.
  • A medida que la aleta crece, el gradiente cambia junto con ella y su intensidad disminuye según se aproxima al tamaño que tenía antes de la amputación.

Una de las capacidades más llamativas del pez cebra es que puede reconstruir una aleta amputada y detener el crecimiento cuando recupera aproximadamente su tamaño anterior. Esa precisión implica que las células conservan algún tipo de información sobre cuánto tejido falta, pero el mecanismo que traduce esa “memoria posicional” en una cantidad concreta de crecimiento ha permanecido durante décadas entre las preguntas centrales de la biología regenerativa.

Un trabajo publicado este 24 de agosto en Nature Physics identifica un posible mecanismo basado en la actividad de ERK, una proteína implicada en transmisión de señales celulares. Los investigadores siguieron poblaciones completas de osteoblastos durante la regeneración y encontraron gradientes de actividad que recorren varios milímetros desde el extremo de la nueva aleta hasta la zona donde se realizó la amputación.

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La intensidad de esa señal cambia según la cantidad de tejido eliminado. Cuanto mayor es la parte amputada, mayor resulta inicialmente la actividad observada, y esos valores permiten predecir la probabilidad de que los osteoblastos entren nuevamente en ciclo celular. El patrón también está relacionado con el tamaño de las estructuras esqueléticas que terminan regenerándose, lo que vincula la señal molecular con el resultado físico final.

El gradiente tampoco permanece inmóvil. A medida que el tejido crece, se extiende junto a él y su amplitud va disminuyendo. Los modelos matemáticos de los investigadores sugieren que moléculas de señalización depositadas cerca del extremo pueden conservar actividad durante suficiente tiempo como para ser transportadas progresivamente por el propio crecimiento, creando una especie de regla dinámica capaz de registrar cuánto se ha reconstruido.

Los experimentos relacionan este proceso con las señales de los factores de crecimiento de fibroblastos, FGF. La actividad ERK depende de sus receptores y la expresión del ligando Fgf20a aumenta de manera proporcional a la longitud inicialmente eliminada. Ese vínculo proporciona una explicación física y molecular de cómo el organismo puede transformar la magnitud de una lesión en una señal distribuida sobre toda la zona regenerativa.

La investigación no significa que se haya encontrado un interruptor para regenerar brazos o piernas humanas. El pez cebra posee capacidades regenerativas muy superiores a las de los mamíferos y los mecanismos que controlan cada tejido no son necesariamente transferibles. La aportación fundamental es comprender cómo un organismo que sí regenera con precisión puede medir simultáneamente crecimiento realizado y crecimiento pendiente.

Esa pregunta es crucial para la medicina regenerativa a largo plazo. Conseguir que determinadas células vuelvan a proliferar representa solo una parte del problema; también sería necesario controlar forma, orientación y momento exacto para detener el proceso. Saber cómo un sistema natural codifica esa información proporciona nuevas pistas sobre el tipo de circuitos moleculares que una regeneración organizada necesita.

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