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Los vertederos funcionan como cápsulas de plástico con fugas y pueden seguir generando microplásticos durante décadas

Vista aerea de vertedero industrial
  • El trabajo combina 31 años de seguimiento en un gran vertedero con muestras de otras 37 instalaciones para construir un modelo de generación de microplásticos.
  • Los vertederos costeros analizados representan solo el 8,3% de los emplazamientos estudiados, pero concentran cerca de un tercio del stock nacional estimado en China.

Los vertederos no se limitan a almacenar los plásticos depositados durante décadas. Esos materiales envejecen, se fragmentan y pueden convertirse progresivamente en una fuente de microplásticos capaces de desplazarse hacia suelos, aguas y otros ecosistemas próximos. Un estudio publicado el 22 de agosto en Nature Communications utiliza tres décadas de observaciones para describir estas instalaciones como “cápsulas del tiempo con fugas”, donde residuos antiguos continúan produciendo contaminantes mucho después de ser enterrados.

Los investigadores construyeron un modelo dinámico a partir de 31 años de seguimiento in situ en un gran vertedero y lo combinaron con una investigación de campo realizada en 37 instalaciones distribuidas por China. El objetivo era superar las fotografías puntuales obtenidas mediante muestreos aislados y estimar cómo evolucionan con el tiempo los plásticos acumulados, su fragmentación y la cantidad de microplásticos que puede permanecer almacenada en diferentes regiones.

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Las diferencias geográficas fueron muy importantes. El este de China concentró un 45,6% del stock total estimado de microplásticos dentro del modelo nacional. Los vertederos costeros resultaron especialmente desproporcionados: aunque representaban únicamente el 8,3% de los emplazamientos incluidos, acumulaban cerca de una tercera parte del stock estimado, lo que los autores relacionan con diferencias en actividad económica, residuos generados y condiciones ambientales.

El estudio también modeliza qué ocurriría aplicando medidas intensas para reducir la entrada de plástico y tratar materiales dentro de los propios vertederos. En ese escenario, el stock nacional de microplásticos podría disminuir alrededor de un 46,4% para 2050 respecto a la evolución de referencia. Sin embargo, determinadas instalaciones costeras de alto riesgo seguirían respondiendo peor porque acumulan una gran cantidad histórica de material que continuará degradándose.

Esta inercia constituye una de las principales conclusiones del trabajo. Incluso si mañana dejara de entrar una determinada categoría de residuo plástico, los materiales depositados durante años seguirían presentes y podrían continuar fragmentándose. Por eso los autores consideran insuficiente utilizar exactamente la misma estrategia en todas las regiones y proponen identificar instalaciones prioritarias atendiendo tanto al stock histórico como a sus condiciones ambientales y proximidad a ecosistemas vulnerables.

Los porcentajes publicados corresponden a China y no pueden trasladarse directamente a los vertederos españoles o europeos. Los sistemas de gestión, composición de los residuos, clima, impermeabilización y tratamiento de lixiviados son diferentes entre territorios. El estudio aporta, sin embargo, un mecanismo general relevante: un vertedero puede conservar plásticos durante décadas y al mismo tiempo actuar como fuente continua de partículas más pequeñas derivadas de su degradación.

La investigación refuerza así la necesidad de considerar el legado de residuos antiguos al calcular contaminación futura. Reducir los plásticos que llegan hoy a los vertederos puede disminuir la generación futura, pero no elimina automáticamente el material acumulado durante décadas. Los siguientes estudios tendrán que medir cuánto consiguen abandonar realmente estas instalaciones los microplásticos generados y qué rutas utilizan hacia aguas subterráneas, ríos, suelos y sedimentos.

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