- Los investigadores reconstruyen la densidad del dosel durante el Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno a partir de fósiles vegetales.
- El bosque respondió inicialmente al aumento de CO₂, pero el calor y el estrés ambiental terminaron asociados a una fuerte pérdida de cobertura.
El aumento del dióxido de carbono puede estimular la fotosíntesis de las plantas, pero eso no significa que cantidades crecientes de CO₂ garanticen bosques cada vez más densos. Un registro fósil de hace unos 56 millones de años muestra cómo un episodio de fuerte calentamiento terminó asociado a una intensa apertura del dosel forestal en lo que actualmente es Wyoming, Estados Unidos.
El periodo estudiado es el Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno, conocido por sus siglas PETM. Durante este episodio se liberaron grandes cantidades de carbono al sistema climático y la temperatura global aumentó varios grados durante un intervalo geológicamente breve.
Los investigadores recurrieron a fósiles de plantas para reconstruir no solo qué especies ocupaban el territorio, sino también hasta qué punto las hojas formaban un dosel cerrado. El estudio desarrolla indicadores con los que estimar el índice de área foliar y seguir la transformación de la estructura del bosque a medida que avanzaba el calentamiento.
Los resultados apuntan inicialmente a un aumento de la densidad vegetal coincidiendo con el incremento del CO₂, coherente con el conocido efecto fertilizante que puede favorecer temporalmente el crecimiento cuando el resto de recursos no actúa como limitación.
La situación cambió conforme aumentó el estrés ambiental. El registro muestra posteriormente una fuerte reducción de la cobertura forestal y una transformación de la vegetación hacia comunidades más adaptadas a condiciones cálidas y secas. La reconstrucción difundida por los autores sitúa la apertura del dosel en una escala muy superior a una simple fluctuación estacional.
El hallazgo resulta especialmente útil para explicar por qué el efecto fertilizante del CO₂ no puede analizarse de forma aislada. Las plantas necesitan simultáneamente agua, temperaturas compatibles con su fisiología y condiciones que no disparen otros factores de mortalidad, como incendios, plagas o sequías extremas.
Esto no convierte al PETM en una reproducción exacta del cambio climático contemporáneo. La configuración de continentes, ecosistemas, especies y concentraciones iniciales de gases era distinta, y la liberación actual de carbono se está produciendo a una velocidad excepcional dentro del registro geológico.
El valor del episodio antiguo reside en mostrar una respuesta real del sistema terrestre a un gran incremento de carbono y temperatura durante un periodo suficientemente prolongado como para quedar registrado en fósiles.
Las conclusiones tampoco permiten afirmar que todos los bosques actuales vayan a perder exactamente la misma proporción de cobertura. La respuesta dependerá de las especies, la humedad disponible, las temperaturas locales, los incendios y numerosos factores ecológicos.
El estudio sí aporta una advertencia frente a una interpretación demasiado simple del CO₂ como fertilizante universal: un incremento inicial de productividad puede coexistir posteriormente con pérdidas importantes de biomasa cuando el calentamiento y la falta de agua sobrepasan los límites del ecosistema.









