- Los árboles tropicales estudiados aumentaron especialmente los monoterpenos acíclicos, que llegaron a aproximarse a la mitad de la mezcla medida durante el calor intenso.
- Estos compuestos dominaron la reactividad calculada con ozono y radicales hidroxilo, mientras los algoritmos habituales no reprodujeron correctamente el cambio de composición.
Una ola de calor puede modificar algo más que la cantidad de compuestos que liberan los árboles. Un estudio publicado este 21 de agosto en Nature Communications demuestra que temperaturas extremas pueden cambiar también qué tipos de monoterpenos dominan las emisiones vegetales, alterando su capacidad para participar posteriormente en reacciones químicas de la atmósfera. El resultado cuestiona la forma simplificada con la que algunos modelos representan actualmente esas emisiones.
Los investigadores estudiaron árboles tropicales del sur de China y combinaron experimentos controlados de calentamiento de hojas con observaciones realizadas durante episodios reales de calor y modelos de respuesta a la temperatura. El trabajo distingue entre monoterpenos cíclicos y acíclicos, moléculas que pueden producir las plantas y que, aunque pertenezcan a la misma gran familia química, presentan diferencias importantes de reactividad y función fisiológica.
Las pruebas muestran que los monoterpenos acíclicos responden con mucha más intensidad al incremento de temperatura que las formas cíclicas. Durante las olas de calor, la mezcla observada se desplazó progresivamente hacia esos compuestos hasta que llegaron a aproximarse a la mitad de los monoterpenos medidos. Por tanto, el efecto del calor no consistía simplemente en aumentar proporcionalmente todos los componentes que ya emitían las hojas.
Esa modificación importa porque los diferentes monoterpenos no reaccionan a la misma velocidad una vez alcanzan la atmósfera. Los compuestos acíclicos terminaron dominando las estimaciones de reactividad frente al ozono y los radicales hidroxilo realizadas por los investigadores. Esto puede alterar los productos que aparecen después de la oxidación de las emisiones vegetales y, en determinadas condiciones, influir sobre procesos asociados a contaminación y formación de partículas.
El estudio no demuestra que cualquier ola de calor provoque automáticamente un aumento concreto del ozono atmosférico. La química real depende también de la disponibilidad de óxidos de nitrógeno, radiación, transporte de masas de aire y numerosos compuestos adicionales. La conclusión es más precisa: cambiar la composición de las emisiones modifica su potencial de reacción, por lo que utilizar únicamente la cantidad total de monoterpenos puede ocultar diferencias relevantes.
Los investigadores encontraron además un problema en los algoritmos empleados habitualmente para modelizar emisiones vegetales. Las funciones de temperatura por defecto trataban de forma demasiado similar los distintos grupos de monoterpenos y no lograban reproducir el desplazamiento observado hacia las moléculas acíclicas. El equipo desarrolló funciones revisadas que sí capturaban mejor el incremento de su proporción durante las condiciones de calor extremo.
El resultado adquiere especial interés en un clima con episodios cálidos más frecuentes e intensos. Para estimar cómo responderán los ecosistemas y qué sustancias llegarán a la atmósfera, los modelos pueden necesitar representar no solo cuánto aumentan las emisiones de una planta, sino también cómo cambia la mezcla de moléculas que produce. El siguiente paso será comprobar si el patrón aparece con igual intensidad en otros bosques, especies y regiones climáticas.









