- Simulaciones publicadas en Nature Climate Change muestran que la velocidad del calentamiento influye en la estabilidad de la circulación oceánica.
- Los autores advierten de que expresar el riesgo mediante un único umbral de temperatura puede ocultar parte importante del comportamiento del sistema.
El riesgo de un cambio abrupto en la circulación oceánica del Atlántico puede ser más complejo que alcanzar simplemente una determinada temperatura global. Un estudio publicado en Nature Climate Change concluye que la estabilidad de la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico, o AMOC, depende también de la velocidad a la que aumenta el forzamiento climático.
La AMOC transporta enormes cantidades de calor y agua a través del Atlántico y constituye uno de los componentes del sistema climático considerados susceptibles de experimentar cambios abruptos. Hasta ahora, muchos análisis han intentado expresar su posible punto de inflexión mediante un umbral de calentamiento global.
El nuevo trabajo, realizado por investigadores de la Universidad de Utrecht, cuestiona que ese enfoque pueda reducirse a un único valor. Sus simulaciones muestran que el océano dispone de determinados mecanismos de estabilización que necesitan tiempo para actuar. Si el cambio del forzamiento es suficientemente lento, parte del sistema puede reajustarse; cuando el cambio es rápido, esa adaptación puede no producirse al mismo ritmo.
En uno de los experimentos modelizados con un aumento muy lento del CO₂, la AMOC permanecía estable incluso con aproximadamente 5,5 °C de calentamiento global. En escenarios con aumentos más rápidos, el mismo modelo producía un colapso con calentamientos considerablemente menores, alrededor de 2,2 °C y 2,8 °C dependiendo del experimento.
Estas cifras no deben interpretarse como nuevos umbrales universales. Son resultados obtenidos en experimentos de modelización y dependen de las características del modelo, los escenarios utilizados y los procesos representados. El propio interés del trabajo consiste precisamente en mostrar que intentar condensar el riesgo en una única temperatura puede resultar engañoso.
Los autores identifican un mecanismo por el que cambios lentos permiten una adaptación más coherente de las propiedades del océano superficial y profundo, acompañada en sus simulaciones por modificaciones de la evaporación y del hielo marino que pueden contrarrestar algunos procesos desestabilizadores.
El resultado tampoco significa que la AMOC esté actualmente a punto de colapsar ni permite establecer una fecha para que ocurra. El estudio analiza cómo responde un modelo climático a diferentes trayectorias de forzamiento y aporta información sobre los factores que pueden modificar el riesgo, pero no constituye una predicción temporal del comportamiento real del Atlántico.
La principal conclusión es más general: la velocidad a la que cambia el clima importa, además de la magnitud final del calentamiento. Eso complica la idea de que determinados elementos del sistema climático pueden describirse únicamente mediante una línea fija que separa un estado estable de otro inestable.









