- El sistema combina aprendizaje profundo con ecuaciones interpretables para evitar que la predicción funcione como una “caja negra”.
- NOAA coincide actualmente en que El Niño se está fortaleciendo y sitúa por encima del 90% la posibilidad de un episodio muy fuerte en 2026-2027.
Un nuevo modelo que combina técnicas de inteligencia artificial con dinámica climática ha conseguido realizar predicciones útiles de El Niño-Oscilación del Sur hasta 19 meses de antelación, según un trabajo publicado el 15 de agosto en npj Climate and Atmospheric Science.
El Niño es una alteración periódica del océano y la atmósfera del Pacífico tropical que puede modificar lluvias, temperaturas y patrones meteorológicos en numerosas partes del mundo. Predecir su evolución con muchos meses de antelación es especialmente difícil debido a la denominada barrera de predictibilidad de primavera, un periodo en el que las previsiones suelen perder precisión.
Los autores han desarrollado un sistema que denominan de “caja de cristal”. A diferencia de muchos modelos de aprendizaje profundo en los que resulta difícil saber cómo se obtiene una determinada respuesta, este enfoque transforma el aprendizaje automático en un sistema dinámico cuyos términos pueden examinarse e interpretarse físicamente.
En pruebas retrospectivas, el modelo consiguió reconstruir el inicio, intensidad y posterior debilitamiento del gran episodio de El Niño de 2015-2016 con más de un año de anticipación, incluso cuando la previsión comenzaba durante la primavera boreal.
El sistema sugiere además la posibilidad de un El Niño extremadamente intenso durante 2026-2027. Esa predicción no aparece aislada: el último diagnóstico oficial de NOAA, publicado el 13 de agosto, señala que El Niño ya está fortaleciéndose y calcula una probabilidad superior al 90% de que alcance la categoría de evento muy fuerte durante el otoño e invierno del hemisferio norte.
La Organización Meteorológica Mundial había advertido también a finales de julio de que un episodio fuerte estaba desarrollándose y esperaba una intensificación durante agosto, septiembre y octubre.
La coincidencia no convierte la predicción del nuevo modelo en una certeza. Las previsiones oficiales de ENSO utilizan múltiples modelos dinámicos y estadísticos, observaciones oceánicas y evaluación experta, mientras que el artículo analiza el rendimiento de un sistema concreto.
Tampoco puede deducirse directamente de un El Niño muy fuerte qué tiempo hará en una ciudad determinada. ENSO altera probabilidades y grandes patrones climáticos, pero sus efectos locales dependen de la estación, la región y de la interacción con otros procesos atmosféricos y oceánicos.
El interés científico del trabajo está precisamente en el horizonte temporal. Extender previsiones fiables más allá de un año podría ofrecer más margen para anticipar impactos sobre agricultura, recursos hídricos, pesca y gestión de riesgos climáticos.
Los autores sostienen además que hacer explícitas las relaciones aprendidas por el modelo facilita comprobar si sus predicciones se apoyan en mecanismos físicamente razonables, una cuestión especialmente importante cuando la inteligencia artificial se utiliza para realizar proyecciones climáticas.
El resultado todavía necesita ser evaluado con nuevos episodios que no formen parte de sus pruebas retrospectivas. El actual El Niño ofrece precisamente una oportunidad real para comprobar durante los próximos meses hasta qué punto las predicciones anticipadas del sistema se corresponden con la evolución observada.









